Publicado el 25/06/2025 por Administrador
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Las calles de Kenia volvieron a encenderse en furia este miércoles, cuando miles de ciudadanos, en su mayoría jóvenes, salieron a protestar en distintas ciudades del país. El saldo fue trágico: al menos 16 personas fallecieron durante enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, según organizaciones de derechos humanos. Más de 400 personas resultaron heridas.
Las movilizaciones coincidieron con el primer aniversario del asalto al Parlamento ocurrido el 25 de junio de 2024, cuando una multitud indignada irrumpió en el edificio legislativo para rechazar el llamado “Finance Bill”, una propuesta fiscal del gobierno que pretendía aumentar los impuestos en medio de una severa crisis económica. Aquel día terminó con decenas de muertos y dejó una herida abierta en la sociedad keniana.
Un año después, lejos de haberse cerrado, esa herida se ha profundizado. Las protestas de esta semana no solo recuerdan los hechos de 2024, sino que se reactivaron tras el asesinato del bloguero Albert Ojwang, quien murió bajo custodia policial, y de un vendedor callejero abatido durante una manifestación reciente. Ambos casos encendieron la indignación popular ante lo que muchos consideran una brutalidad policial sistemática y una impunidad estatal alarmante.
La represión fue inmediata. Las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos, balas de goma e incluso fuego real contra los manifestantes. Las escenas en Nairobi, Kisumu y Mombasa fueron de caos: barricadas en llamas, jóvenes encapuchados enfrentando a la policía, y gritos de justicia resonando entre columnas de humo.
Las redes sociales fueron el canal principal de organización. La llamada “generación Z” keniana lideró la convocatoria, compartiendo videos, mensajes de resistencia y alertas sobre los operativos policiales. El gobierno respondió con medidas restrictivas: bloqueó transmisiones en vivo, cerró temporalmente varios canales de televisión y limitó el acceso a internet en algunas regiones.
Las demandas de los manifestantes son claras: justicia para las víctimas, sanciones reales contra los abusos policiales, combate efectivo a la corrupción gubernamental y freno al constante encarecimiento del costo de vida. Muchos acusan al presidente William Ruto de incumplir sus promesas y gobernar de espaldas a los sectores más golpeados por la pobreza.
La tensión no parece disminuir. Los alrededores de edificios gubernamentales siguen militarizados, mientras organizaciones civiles y religiosas llaman a un diálogo urgente. Desde el exterior, embajadas y organismos internacionales han expresado preocupación por el uso excesivo de la fuerza y han pedido una investigación independiente.
Lo que comenzó como una jornada de conmemoración terminó en una nueva oleada de dolor y furia. La población keniana, especialmente su juventud, reclama no solo justicia, sino un futuro digno en un país donde, por ahora, los gritos de cambio siguen siendo respondidos con represión.